Las
transformaciones socio-económicas emprendidas
por la Revolución a partir de 1959, dieron
lugar a la implantación de una estrategia
de desarrollo que armoniza el crecimiento económico
con las políticas sociales, las que en materia
de empleo han estado dirigidas desde el primer momento
a procurar un empleo remunerado a cada ciudadano
apto para trabajar y a eliminar los altos índices
de desempleo y subempleo heredados de los regímenes
neocoloniales que precedieron a la Revolución.
La desaparición del desempleo se produjo
muy rápidamente. Si en 1958 la tasa de desocupación
era de un 24 por ciento, ya el Censo de Población
y Viviendas realizado en 1970 situó dicha
tasa en un 1,3 por ciento, alcanzando el país
la condición de ocupación plena,
la que logró mantener hasta la década
de los años 80, donde se registraron crecimientos
del empleo del orden del 3,4 por ciento promedio
anual.
Con el derrumbe de la comunidad de países
socialistas y en particular la desaparición
de la Unión Soviética, unido al recrudecimiento
del bloqueo impuesto por los Estados Unidos de
Norteamérica desde hace más de cuatro
décadas, la economía del país
recibió un fuerte impacto, a tal punto que,
entre 1989 y 1993 el Producto Interno Bruto decayó en
alrededor de un 35 por ciento.
|